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No te lleves el Smartphone a la playa

El teléfono tiene bastantes más enemigos de los que pensamos en la playa. Si no es necesario, tal vez sea mejor dejarlo en casa.

beach smartphonePóngase en situación: se prepara para bajar a la playa y antes de salir comprueba por última vez que lo lleva todo. Cartera, llaves, gafas de sol, toalla, crema y... ¿móvil? Tal vez no sea la mejor idea.

Hay dos cosas que caracterizan la playa: la primera, que calienta el sol; la segunda, que chiribiribi popopompom. En este caso nos centraremos en lo derivado de la primera, por ser más pertinente, pues tiene una consecuencia casi directa sobre el dispositivo: hace -en cierto modo- que su batería dure menos.
Las pantallas de los teléfonos -a diferencia de las bicicletas- no están hechas para el verano. Es casi imposible ver el contenido bajo la luz directa del sol y esto hace que sea necesario subirle el brillo (si es que no lo hace el propio móvil de forma automática). Algo tan sencillo repercute directamente en la autonomía del terminal, que, como le ocurre a su dueño, tiene que hacer un esfuerzo mucho mayor para trabajar bajo el sol.

Por si fuera poco, algunos teléfonos no combinan en absoluto con determinadas las gafas de sol polarizadas. Tanto, que se ve muchísimo peor -cuando no es directamente imposible distinguir algo- una pantalla LCD IPS o una pantalla AMOLED si se llevan unas lentes de este tipo.

Para saber si gafas y móvil son incompatibles, tan solo hay que poner el teléfono en horizontal y mirar con ellas puestas. Por desgracia, hay pocas soluciones más allá de cambiar de unas o de otro; ambas, poco recomendables. En cualquier caso, es un motivo más para dejar el móvil en casa.

EL AGUA MOJA
Este apartado es tan evidente como su encabezado, pero eso no impide que todavía haya quien parezca olvidarlo: el agua moja y los teléfonos no flotan. Generalmente, esta combinación es mortal para los segundos.

En este sentido conviene recordar que cuando una compañía dice que su terminal es resistente a las salpicaduras no está pecando de modesta: quiere decir que no pasa nada si le caen dos gotas de agua al móvil, pero a partir de tres o cuatro comienzan los problemas.

Los primeros auxilios en caso de remojón telefónico -especialmente si el agua es dulce, como veremos después- son reposo (si se ha apagado el teléfono, no encenderlo; si está encendido, apagarlo), paciencia (no debería encenderse hasta que estemos seguros de que se ha secado por completo) y otra vez paciencia (el arroz absorbe algo de humedad, pero nunca deberíamos intentar secar el teléfono con un secador o calentándolo en exceso).

SAL DE AHÍ, SAL
Afortunadamente, hace tiempo que casi todos los teléfono resisten bastante bien los ambientes húmedos, cuando no son directamente sumergibles (aunque los fabricantes suelen advertir que no es buena idea utilizarlos en lugares con exceso de humedad, como el baño). Esto podría hacer creer que entonces no corren riesgo en la playa. Y, efectivamente, el agua no es un problema. La sal, por desgracia, sí.

El agua salada es capaz de cargarse las piezas expuestas (la entrada para el cargador, por ejemplo) de un teléfono con un único chapuzón. De hecho, si el terminal es sumergible, no es mala idea lavarlo con agua dulce (sin jabón, por supuesto) si se cae al mar.

El problema es que varias visitas a la playa en las que el móvil no se bañe pueden tener un efecto parecido, pero de una forma más sutil. Que no cunda el pánico: son necesarias unas vacaciones bastante largas con visitas constantes a la playa para que esto afecte de forma irreversible a un teléfono, pero la solución -y esto va a ser una constante- es tan sencilla, que no cuesta nada ponerlo en práctica: no llevar el móvil a la playa.

LA ARENA
Una simple visita a la playa supone no menos de dos semanas sacando granos de arena de bolsos, bolsillos, zapatillas y orificios diversos. Algunos de estos orificios están en el móvil y sirven para conectar periféricos como el cable del cargador o los auriculares.

Si bien la arena no es tan nociva como la sal, puede hacer un estropicio importante, especialmente si se une a la humedad y forma una masa compacta que impida que los cables entren por completo. Aunque parezca mentira, los problemas de carga se deben en muchas ocasiones a una simple pelusa que no permite que el cargador haga una conexión correcta. Una fina película de barro puede tener el mismo efecto.

LA ARENA (BIS)
Con la arena, además, ocurre lo mismo que en una primera cita: hasta el grano más pequeño puede ser un problema y si lo tocas es peor. Así, un minúsculo grano de arena puede dejar un bonito rayajo en la pantalla (si bien es cierto que cada vez son más resistentes) o la parte trasera del dispositivo (éstas sí son de plástico o materiales poco resistentes con mayor frecuencia).

Lo peor es que puedes sacar a una persona de la playa, pero no es tan fácil sacar la playa de una persona. Por lo tanto, mejor andarse con ojo antes de guardar el teléfono en cualquier prenda que haya ido a darse un chapuzón y jugar a las palas.

HACE CALOR
Por último, conviene recordar que los teléfonos no están hechos para aguantar temperaturas extremas. Y nos avisan: en la guía de usuario que viene en la caja de los móviles -y que probablemente nunca salió de dicha caja- suele aparecer el rango de temperatura de funcionamiento. Varía en función del dispositivo, pero suele estar entre 0 y 40 grados, aproximadamente.

Aquí las compañías son conservadoras porque saben que es mejor poner las barbas a remojar incluso antes de que el vecino empiece a dejarse la suya. Es decir, probablemente funcionen sin problemas cinco grados por encima o por debajo. No obstante, tanto el calor extremo como un frío excesivo pueden llegar a dejar inservible un teléfono.

De hecho, lo más normal es que el propio terminal detecte un aumento de temperatura y tome medidas él solito (bajar el brillo de la pantalla o directamente apagarse). Sin embargo, no puede hacer nada si se queda al sol, por muy apagado que esté. Y si una hora bajo un mediodía de justicia hace que se puedan freír huevos en las sillas metálicas de una terraza, imagine lo que pueden hacerle a los circuitos de su teléfono.

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